Este acontecimiento se da en una de las iglesias más bellas de Roma, la de San Giovanni de los Florentinos.
Los feligreses acuden a la iglesia, acompañados por sus gatos, perros y, hasta tortugas y peces.
Si entras a esta iglesia, es muy probable que veas animales sentados en la primera fila o que, acompañan a sus amos a coger el pan sagrado, al altar.
Mario Canciani, un cura con ideas que hoy día podrían parecer innovadoras, dedujo que este gesto de Jesús en la cena más importante de su vida, fue un rechazo a comer carne. “…Cristo era vegetariano y todos los fieles deberían imitarle. Es inútil que pronunciemos el cordero de Dios y luego corramos a comérnoslo…”.




























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